Apuntes sobre Guerra y Paz


Guerra y Paz es el libro que me ha tenido ocupada en mis lecturas unos cuantos meses. Un libro que asusta por la cantidad de hojas que tiene, pero al que no le sobra ni una palabra.

Guerra y Paz nos habla de eso, de la guerra y de la paz, de la guerra de Napoleón contra Rusia y de los momentos de paz entre batalla y batalla. Tolstoi nos va relatando la vida de la alta aristocracia rusa, intercalada con las batallas y con sus reflexiones sobre muchos temas. En las páginas de Guerra y Paz descubrimos al Tolstoi de la no violencia, al Tolstoi que rechaza los lujos, al Tolstoi que siempre intenta buscar la verdad, y que en el libro se traduce en una crítica mordaz a los historiadores.


Os dejo algunos de los  textos que he ido destacando durante la lectura.

Qué horror habría experimentado siete años antes, al volver del extranjero, si le hubiesen dicho que no era menester buscar ni inventar nada, que su camino estaba ya trazado desde hacía tiempo, definido para siempre, y que, por mucho que se esforzase, terminaría siendo como lo eran todos. No lo habría creído. ¿No era el, acaso, quien deseaba con toda su alma proclamar la república en Rusia, o ser Napoleón, o un filósofo, o un guerrero y vencer al mismo Bonaparte? ¿No era él quien creía posible y deseaba apasionadamente la regeneración del género humano y quería alcanzar los más altos grados de la perfección? ¿No era él quien había fundado escuelas y hospitales y emancipado a los campesinos?
Y ahora en vez de todo aquello, era un marido rico, casado con una mujer infiel, un gentilhombre de cámara retirado a quien gustaba comer y beber y, desabrochándose el chaleco, hablar mal del gobierno, uno de tantos socios del Club Inglés, amado por toda la sociedad moscovita. Durante mucho tiempo no pudo admitir la idea de ser un gentilhombre de cámara retirado en Moscú, tipo que tanto despreciaba siete años antes.

“yo sigo descontento de todo, y sido deseando hacer algo por la humanidad”.


El buen general no necesita cualidades de genio, quizá sea mejor que no tenga las mejores cualidades que hay en el hombre: el amor, la poesía, la ternura, la duda filosófica y analítica. Un militar debe ser limitado, firmemente convencido de que es muy importante todo cuanto hace (de otra manera, no tendría paciencia), y sólo así será un jefe valeroso. Dios guarde a ese hombre de amar a alguien, de tener compasión, de pensar en lo que es justo o injusto.


“Resulta que ellos tienen más miedo que nosotros. Entonces ¿es a eso tan sólo, y nada más que eso, a lo que se califica de heroísmo? ¿Lo hice acaso por la patria? ¿Y qué culpa tiene ese hombre con sus ojos azules y su hoyuelo en la barbilla? ¡Qué miedo tenía! ¡Creyó que lo iba a matar! ¿Por qué iba a matarlo? La mano me tembló. ¡Y me han dado la cruz de San Jorge! No comprendo nada, nada.”


Los hombres de 1812 desaparecieron hace mucho tiempo; sus intereses personales se borraron sin dejar rastro; ante nosotros tan sólo queda el resultado histórico de toda aquella época.


Cuando el peligro se va aproximando, dos voces hablan en el corazón del hombre con la misma fuerza: una pide, muy razonablemente, que se reflexione sobre la naturaleza del peligro y la manera de evitarlo. La otra, con más razón todavía, dice que es demasiado penoso, demasiado torturante pensar en el peligro cuando el hombre no puede prevenirlo todo y salvarse, de manera que es mucho mejor volver la espalda a las cosas penosas, hasta que éstas lleguen, y pensar en las agradables. Si está solo, el hombre escucha casi siempre la primera voz; en cambio, cuando se encuentra en sociedad, sigue la segunda. Y eso era lo que sucedía a los habitantes de Moscú. Nunca se había divertido tanto la gente como aquel año.


¿Y qué es la guerra? ¿Qué es necesario para triunfar en el arte militar? ¿Qué pretende el estamento militar? El fin de la guerra es el asesinato, los instrumentos de la guerra son el espionaje, la traición y su instigación, la ruina de los habitante, el saqueo, el robo llevado a cabo para mantener a los ejércitos, el engaño y la mentira que reciben el nombre de astucia militar. La vida del estamento militar descansa en la disciplina (es decir, en la falta de libertad), en el ocio, la ignorancia, la crueldad, el libertinaje, las borrachera. Y a pesar de ello, es el estamento superior respetado por todos. Los reyes, salvo el de China, llevan uniforme militar; y quien mate más gente recibe mayores recompensas… Mañana, por ejemplo, se reúnen y acuerdan matarse unos a otros: se matan, dejan malheridos a decenas de miles y luego celebran numerosos tedeums para agradecer el haber matado a tanta gente (cuyo número llegan a aumentar) y proclaman la victoria suponiendo que cuantos más muertos, mayor el mérito. ¡Cómo puede Dios mirar y escuchar todo esto desde allá arriba! – gritó el príncipe Andrei con voz aguda. –Querido mío, últimamente la vida se me hace muy penosa. Creo que comienzo a comprender demasiado y el hombre no puede probar el fruto del árbol del bien y del mal…


…el hombre que representa su papel en los sucesos históricos no comprende nunca su importancia.


…matanza, cometida por hombres que no querían matar….


Siendo prisionero y viviendo en la barraca, Pierre comprendió, no de modo racional sino con todo su ser, con toda su vida, que el hombre fue creado para ser feliz, que la felicidad está en él mismo, en la satisfacción de las necesidades naturales del ser humano, y que todas las desgracias no provienen de la falta, sino del exceso. Supo que en el mundo no hay nada realmente espantoso, que no existen situaciones en las cuales el hombre sea absolutamente feliz y libre, pero que tampoco las hay en las que se sienta del todo desgraciado o falto de libertad. Comprendió que hay un límite a los sufrimientos y un límite a la libertad, y que esos límites están muy próximos; que el hombre que sufre, porque en su lecho de rosas se ha doblado un pétalo, sufre lo mismo que él cuando duerme sobre la tierra desnuda y húmeda, sintiendo frío en un costado y calor en el otro. Aprendió que cuando se ponía los ceñidos zapatos de baile sufría lo mismo que ahora, descalzo (hacía tiempo que su calzado se había roto) y con los pies llenos de ampollas. Y aprendió, por último, que cuando creyó que se casaba por su propia voluntad con su esposa no era más libre que ahora, cuando lo encerraban por las noches en una cuadra.


Y nadie piensa que el hecho de considerar la grandeza como la medida del bien y del mal es la confesión de su nulidad, de su infinita pequeñez.

Para nosotros, que poseemos la medida del bien y del mal dada por Cristo, nada hay inconmensurable. No existe grandeza donde no hay bondad, sencillez y verdad.


¿Cuál es la fuerza que mueve a los pueblos?

Mientras se siga escribiendo la historia de algunos personajes, sea la de César o Alejandro, la de Lutero o Voltaire, y no la historia de todos sin excepción, de todos los hombres que han participado en el hecho, es imposible no atribuir a determinados personajes las fuerzas que obligan a otras personas a dirigir sus actividades hacia una sola meta. Y el único concepto que conocen los historiadores es el poder. 




Enlaces interesantes sobre la novela:

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/10/24/cultura/1287933141.html
http://entremontonesdelibros.blogspot.com.es/2012/07/guerra-y-paz-lev-tolstoi.html
http://www.loqueleimos.com/2010/11/guerra-y-paz-lev-tolstoi.html

Comentarios

  1. Vaya, Esther! Me has sorpredido con tu blog y la recopilación de frases que haces de los textos. Particularmente éstos de 'Guerra y Paz', un libro que leí en enero del '96 en la edición de Porrúa -la única posible en la Argentina de entonces-, que luego obsequié a un amigo -que no lo podía pagar- y ahora me he hecho de la traducción en dos volúmenes bajo el sello de Alianza. Sinceramente, con semejantes citas, me has dado ganas de releerlo! Besos para ti y gracias por recordarnos esta belleza literaria.

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    1. ¡Me alegro! Desde luego que te animo a que lo vuelvas a leer. Bienvenido a este blog de frases subryadas

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